Llegué al clímax mientras ella resolvía el rompecabezas, Murstar y yo enredados desnudos en el suelo del salón.
13 milEn una habitación tranquila y tenue, un hombre observa a una mujer absorta en un rompecabezas. Su concentración es intensa, cada pieza encaja a la perfección. El clic-clac de las piezas crea una banda sonora rítmica que aumenta su expectación. Mientras sus dedos se mueven con destreza, ella permanece ajena a la creciente tensión en el aire. Los ojos del hombre siguen cada movimiento, su deseo crece con cada pieza que coloca. Incapaz de resistirse, comienza a acariciarse, al ritmo del clic del rompecabezas. Su clímax se acerca, sincronizado con la última pieza de ella. La habitación se llena con el sonido de su liberación, mientras el rompecabezas se ensambla, completando así la tarea de ambos.




















