Emma se ofreció a darle a Lucas un masaje relajante y las cosas se calentaron cuando ella lo cabalgó hasta el éxtasis.

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En un ambiente tranquilo, una amiga llega para un masaje relajante. Suena música suave mientras la persona trabaja los músculos tensos, deslizando los dedos suavemente sobre la piel cálida, intensificando la atmósfera sensual. Cada caricia se vuelve más deliberada, explorando curvas y líneas. La respiración se profundiza, los latidos del corazón se aceleran. El masaje se intensifica en caricias íntimas, las manos se detienen en los puntos sensibles. La ropa cae, revelando la piel enrojecida y un deseo creciente. Los besos reemplazan las caricias, cada vez más urgentes y apasionadas. Las piernas se envuelven alrededor de una cintura, atrayendo cuerpos más cerca. Las embestidas se combinan con gemidos rítmicos, culminando en una liberación cruda y primaria a medida que el placer surge y el calor inunda. La habitación palpita con un clímax compartido, dejándolos a ambos sin aliento y saciados.