Atados a un árbol, mi novia y yo exploramos los límites del otro en plena naturaleza

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En las profundidades de un frondoso bosque, un hombre se desvía del sendero, perdido y solo. La silenciosa soledad despierta su imaginación mientras se apoya en el áspero tronco de un árbol. Se baja la cremallera del pantalón y explora con las manos, sintiendo la áspera corteza contra su espalda. Con la otra mano agarra su creciente erección, acariciándola lentamente mientras imágenes de placeres ocultos danzan en su mente. Rodeado por los sonidos de la naturaleza, acelera el paso, respirando con dificultad. La luz del sol se filtra entre las hojas, proyectando sombras moteadas sobre su cuerpo. Finalmente, con un jadeo estremecedor, alcanza el clímax, desgastándose contra el árbol. Agotado y satisfecho, jadea, saboreando el momento antes de subirse la cremallera y continuar su inexplorado viaje.